Me siento una “masoquista” (lo pongo entrecomillado, porqué
masoquismo es otra cosa, pero popularmente una persona que se tortura con algo
en particular, se le llama masoquista). Me defino así, porque siempre ando
buscando la necesidad de encontrar algo que me dañe hasta tal punto que mi
sentimiento sea un odio profundo. Últimamente en mi vida, la felicidad y la
tristeza van tomadas de la mano, a veces se asoma una, a veces la otra. Desde
hace unos días, se viene asomando mi lado más masoca de la vida. Ese lado que
me hace buscar cosas, para alimentar mi odio contra una persona en particular,
la cual, no sé en qué intensidad odio, me encantaría odiarlo, con la misma
intensidad que lo amé (amo) un día. Me encantaría…
Pero creo que por sobretodo eso, mi amor es más fuerte que
mis ganas de odiarlo, de pegarle muchos combos, hasta dejarlo knock out en el
piso, bofetearlo hasta dejarle la cara colorada, la espalda rasguñada,
escupirle en la cara, por maricón y ególatra, por jugar conmigo y mis
sentimientos… al rato de mi ataque de histeria, pedirle perdón, tirarme en sus
brazos ahogada en llanto, decirle lo mucho que lo amo y qué me consuele hasta
dormirme a su lado.
Y voy a esto porqué, releo mil veces las conversaciones que
tuvimos y de las cuales no fueron tan agradables y cada vez me enveneno más al
darme cuenta de las cantidad de pelotudeces que me decía. Y, más allá de eso,
qué quizá si las decía, es porque sinceramente las sentía, más allá; era las
respuestas tan arrastradas que le daba yo, con tal de cambiarle el pensamiento
y qué no se fuera de mi lado. Me
arrastraba más que una babosa con sobrepeso que intenta llegar a la hojita para
poder comersela, me arrastraba tanto, qué a veces pienso que mi arrastre hacia
él, le encantaba y así podía alimentar su ego, su orgullo, y él podía decir: “La
tengo comiendo de mi mano” (nunca lo hizo, pero me hace bien pensarlo, así más
odio me dá).
No sé dan una idea de la infinidad de cosas que pueden
cruzarse por mi cabeza, para poder concretar mi deseo. ODIARLO. Es lo mínimo
que se merece, creo que mi odio, sería la mejor venganza, puede que en ves de
todo esto que en realidad me toma mi tiempo, podría ser indiferente y mi
venganza estaría resultando.
Habló como mina despechada. La verdad que un tanto lo estoy,
pero no sería capaz ni de hacer la mitad de las cosas que dije, no sería capaz
ni de siquiera odiarlo, ni desearle lo peor… Al contrario, me encantaría que
fuera feliz, me encantaría que encontrará una buena mina, que lo amé, lo
valoré, lo cuidé y esté a la altura que él quiera, obvio. Y capaz, si lo
cruzará el día de mañana, poder saludarlo con un: Hola, tanto tiempo, cómo
estás? En muy buena onda, y no en mala. Me encantaría que me dijera que está
bien, recibido, trabajando, con proyectos de vida por delante… En realidad, eso
me encantaría, que sea feliz, qué de su boca salga un: “puedo considerarme una persona afortunada y
realmente feliz”. Pero creo que es mucho pedir, él jamás me dirá eso, jamás
actuará así como a mí me gustaría. Pero tiendo a idealizar mucho las cosas y
puede qué esto sea una de mis acciones mentales.
Cuánto tiempo durará? Si alguien me lo puede contestar, que
me envie un e-mail a mi casilla.
Buenas noches.
No hay comentarios:
Publicar un comentario