Me resigné al tiempo dejando pasar los días, creyendo que el paso de las horas nos acercaría... y hoy caigo en la cuenta de que perdida en la timidez de otros labios no pude ver como de a poco desaparecías.
Desapareciste... dejando una laguna inmensa de dudas que siendo un futuro podrían haber llegado a ser presente alguna vez. Una conversación escrita y viva, pude apreciar como las palabras que salieron por tus dedos anhelaban cobrar vida, mi vida tal vez.
Fue mi culpa, me aletargué en la fórmula de tus promesas y absurdamente pensé que el destino se editaría él mismo y sin mi ayuda, pero ahora comprendo que si dejo la pluma dormida el futuro que uno espera jamás llega.
No se cual es la razón por la cual mi cabeza ideó un espacio junto a ti, pero siento que debería haberlo ocupado, que así estaba planeado, que debería haber sido.
Ahora sólo quedan unos cuantos husos horarios entre medio, separándonos, horas que no existen y sólo se interponen a jugar tretas en conjunto con la distancia. Cientos de kilómetros que ayer fueron nada, cuando en no más de diez palabras encontrabas el transporte perfecto capaz de permitirte en tan solo un instante abrazarme el alma.
Todavía sigo pensando, y no sé por qué razón, todavía sigo “interesada” únicamente en ti. Aunque no sepa nada de nada, esa diferencia que te aislaba del resto era la garantía más potente para saber hasta que punto valdría la pena soñar e ilusionarse de antemano, siendo tan imposible a simple vista que tu imagen, algún día, se reflejara puramente en mis córneas empañadas.
Quizás sólo por esa razón desapareciste, quizás era tan bello imaginarlo que la realidad jamás superaría a la ilusión, y para evitar la decepción alguien prefirió simplemente que muriera como un sueño, que quedara trascripto como esos recuerdos eternos de sabor dulce al los que nunca le dimos final y se evaporaron a medio empezar.
Quizás, no se si alguien lo dispuso o si yo lo elegí por andar distraída buscando un pasatiempo hasta llegar a ti. El temor no me dejó esperar, y mi vida últimamente está controlándose sola y sin preguntar...
No intento justificarme, no intento tampoco llegar a ti, aunque sí hubiera anhelado que leyendo esto te encuentres sin dudarlo como protagonista, y entiendas que lo que provocaste tan inocentemente y sin proponértelo, fue particularmente especial, pero demasiado temprano como para hacértelo saber.
No hubo principio, sólo me resta quedarme con la bellísima incógnita del no saber jamás lo que ‘pudo haber sido sí...’
Mi cabeza completó esos rincones de ti que no llegaste nunca a revelarme. Ojala algún día los desalojara tu realidad.
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